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Posted On January 1, 2017 at 5:10 pm by / Comments Off on Download E-books Un Mundo Sin Fin (BEST SELLER) PDF

Veinte años después de los angeles publicación de Los pilares de los angeles Tierra, Ken Follett vuelve al fascinante mundo de Kingsbridge para presentar a sus lectores un retrato admirable del mundo medieval y una magnífica saga épica que aporta una nueva dimensión a l. a. ficción histórica.

Desde l. a. publicación de Los pilares de los angeles Tierra en 1989, millones de lectores de Ken Follett a lo largo de todo el mundo esperaban ansiosamente este libro.

Un mundo sin fin está ambientado en l. a. misma ciudad de Kingsbridge, dos siglos después de los angeles construcción de su majestuoso templo gótico. l. a. catedral y el priorato vuelven a formar los angeles base de esta magnífica historia de amor y de odio, de ambición y de venganza, con el fondo dio, de ambición y de venganza, con el fondo amenazador de l. a. Peste Negra que aniquiló a los angeles a l. a. mitad de los angeles población europea.

Intriga, asesinatos, hambruna, plagas y guerras. Un retrato admirable del mundo medieval y una novela extraordinaria que aporta una nueva dimensión a los angeles ficción histórica.

Reseña:
«No hay rincón sin sorpresa, ni página tediosa.»
Qué leer

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Merthin había disfrutado de l. a. escena: los angeles oscuridad, los ruidos extraños, l. a. música que al principio apenas se oía y que luego había inundado l. a. descomunal iglesia y, finalmente, el lento y progresivo alumbramiento de las velas. A medida que el edificio se iluminaba, también se había ido percatando de que algunas personas habían aprovechado l. a. oscuridad para cometer pecadillos por los que deberían confesarse; había visto a dos monjes que interrumpían sus besuqueos apresuradamente y a un avispado mercader que retiraba los angeles mano del generoso pecho de una sonriente mujerona que no parecía ser su esposa. Merthin seguía entusiasmado cuando volvieron al health center. Mientras esperaban a que las monjas sirvieran el almuerzo, un mozo de cocina atravesó l. a. estancia y subió los angeles escalera con una bandeja en los angeles que portaba una enorme jarra de cerveza y una fuente de ternera ahumada. —Tu pariente, el conde, ya podría invitarnos a almorzar con él en sus estancias privadas —rezongó l. a. madre—. Después de todo, tu abuela period hermana de su abuelo. —Si no quieres gachas, podemos ir a los angeles taberna —contestó el padre. Merthin aguzó el oído. Le encantaban los almuerzos de las tabernas, con su pan fresco y su manteca salada, pero enseguida oyó replicar a su madre: —No podemos permitírnoslo. —Sí podemos —repuso su padre, llevándose los angeles mano a l. a. bolsa, momento en que descubrió su ausencia. Lo primero que hizo fue mirar al suelo, por si se le había caído, pero entonces now notó los extremos cortados de l. a. correa de cuero y soltó un bramido de indignación. Todo el mundo lo miró salvo su esposa, quien se volvió hacia otro lado. —Era todo el dinero que teníamos —la oyó murmurar Merthin. Su padre fulminó a los restantes huéspedes del sanatorium con una mirada acusadora. l. a. ira oscureció los angeles larga cicatriz que le recorría un lado de l. a. cara, desde una sien hasta el ojo. Se hizo un tenso silencio en l. a. estancia; un caballero enojado period peligroso, sobre todo uno que, a todas luces, pasaba por una mala racha. —Te han robado en los angeles iglesia, seguro —dijo los angeles madre. Merthin estaba de acuerdo. En l. a. oscuridad se habían robado algo más que besos. —¡Y encima sacrilegio! —se escandalizó el padre. —Ya sabía yo que iba a suceder, en cuanto levantaste a esa niña… —insistió l. a. madre, con una mueca de acritud, como si hubiera tragado algo amargo—. Seguramente el ladrón te asaltó por l. a. espalda. —¡Hay que encontrarlo! —rugió él. —Lamento mucho lo ocurrido, sir Gerald —se disculpó el joven monje llamado Godwyn—. Iré a informar a John Constable* ahora mismo para que busque a algún aldeano pobre que se haya hecho rico de l. a. noche a los angeles mañana. A Merthin se le antojó un plan muy poco prometedor. Había miles de aldeanos y cientos de feligreses que procedían de otros lugares. El alguacil no podía vigilarlos a todos. Con todo, eso pareció apaciguar ligeramente a su padre. —¡Ese golfo acabará en l. a. horca! —exclamó, sin alzar l. a. voz tanto como antes. —Mientras tanto, tal vez nos haríais el honor de compartir los angeles mesa dispuesta delante del altar con vuestra esposa e hijos —propuso Godwyn, zalamero.

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