Mystery

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Posted On February 20, 2017 at 9:12 pm by / Comments Off on Download E-books Mientras seamos jóvenes PDF

Cuando el cuerpo sin vida de una estudiante aparece en un zaguán de Las Palmas, y el supuesto asesino solicita su ayuda, Ricardo Blanco no sabe que se enfrenta a uno de los casos más complejos de su carrera. A medida que se adentra en l. a. investigación, no está seguro de que su cliente se merezca el tiempo y el esfuerzo que requeriría librarlo de una condena que todos dan por segura. En Mientras seamos jóvenes, l. a. nueva novela de José Luis Correa, ambientada en el mundo universitario, verdades y mentiras se entrecruzan. Los que deberían defender al sospechoso parecen empeñados en su condena y, en cambio, los que rivalizan con él proclaman su inocencia. Las relaciones viciadas, los conflictos generacionales, las intrigas académicas dan vida a una historia que tiene los ingredientes que han hecho de Correa una de las voces más genuinas del landscape literario real: un ritmo vertiginoso, una visión socarrona del mundo y un lenguaje poético que abren un espacio unique y muy sugerente en el mundo routine de l. a. novela negra.

Ritmo cinematográfico, a veces trepidante. Pero con tiempo para respirar. l. a. narración discurre directa, traditional, sincera, concisa. Juan Cruz

¿Alguien dijo que los angeles novela negra había exhalado su último suspiro? Correa muestra que el género está vivo y en muy buen estado de salud. l. a. Verdad Digital

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Ya me encargaré yo de que no se descubra. Y más ahora que sabemos que Florencio Arnaiz no tuvo nada que ver con el crimen. –No lo tuvo. Pero es possible que hubiera habido algo entre los dos. Arnaiz me contó que Jorge y él compartían estudiantes, que se sustituían cuando alguno debía asistir a un congreso. Debió de haberse quedado colgado de los angeles muchacha en uno de los viajes de Del Amo. Tal vez hubo algún encuentro furtivo que solo el profesor quiso prolongar en el tiempo. El hombre habría estado insistiendo en sus requiebros hasta el último día. Por eso se asustó tanto cuando lo del anónimo. Hasta ayer creía que nadie lo relacionaba con ella. –Y fue él quien l. a. acompañó a casa l. a. noche que murió. El vecino chiflado con quien hablaste pudo estar en lo cierto. Lo que no cuadra aquí es… –… Que l. a. acompañó, los angeles dejó en l. a. puerta del zaguán, se despidió de ella y de repente apareció otra personality para matarla. Eso es lo que me lleva martirizando desde hace horas. No tiene ningún sentido. –Salvo que esa otra personality los angeles estuviera esperando en el zaguán. –… –No me hagas caso, Ricardo. Me estoy haciendo viejo. Cada vez entiendo menos a los criminales. –No, no. Tal vez no vaya tan descaminado, Álvarez. Tal vez alguien supiera que Paola acostumbraba a salir los jueves a Vegueta. Y estuviera al tanto de l. a. hora a los angeles que solía llegar. Y sospechara de l. a. pasión de Arnaiz. No sé. Son tantas conjeturas que parece obra de un genio matemático y no de un patólogo. Y estoy agotado para pensar en todas. –Hagamos una cosa. Ve a dormir. Y mañana te vienes a comer con Beatriz. O a cenar. Lo que mejor les venga. Susana lleva tiempo detrás de mí para que los invite. A lo mejor si nos agarramos una buena tajada lo vemos todo más claro. –Hecho. Lo hablaré con Beatriz a ver qué opina. Aunque primero tengo que pasarme a devolver unas llaves a su dueña. –Pues a mí me has dejado un muerto que maldita l. a. gracia. –¿Por qué? –Porque a ver cómo les digo a los colegas que llevan el caso Bortolucci que Del Amo es inocente sin mentar tu dichoso anónimo. –No se lo diga aún. –¿Y dejamos al tipo en el Salto del Negro un par de noches más? �No va eso contra tu handbook de detective? –Lo bueno de los detectives es que podemos cagarnos en el guide. Y a Jorge de Amo no lo matará pasar un par de noches más en los angeles cárcel hasta que esto se aclare. –¿Por qué será que tengo los angeles sensación de que tu cliente no te cae muy bien? No me caía bien. Me jodía reconocerlo pero Jorge del Amo no me caía bien. Desde los angeles primera vez que lo vi en aquella habitación desabrida del Salto del Negro hubo algo en él que no me convenció. Lo achaqué al escenario, nadie puede resultar convincente después de haber pasado veinticuatro horas sin dormir y el peso de los angeles sospecha sobre los hombros. No obstante, el profesor se mostró casi siempre seguro, dueño de sus gestos y de sus silencios. Y ocurrió que cuanto más ahondaba en l. a. investigación tanto menos me gustaba mi cliente. Acaso fuera l. a. influencia de Beatriz y de Inés y un poco de l. a. de Sara Arrocha. Entre todas habían dibujado un cuadro de Del Amo que mermaba sus luces y exageraba sus sombras.

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