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Posted On December 27, 2016 at 7:25 am by / Comments Off on Download E-books El Juguete Rabioso PDF

By Roberto Arlt

Publicada en 1926, El juguete rabioso constituye un espacio inaugural dentro de los angeles literatura latinoamericana. Por primera vez una novela abordaba, de una manera directa y sobrecogedora, los angeles rutina, los problemas y los sueños de aquellos condenados a l. a. marginalidad y l. a. miseria. los angeles violencia frente a los angeles falta de oportunidades se hace patente en sus personajes a partir de los angeles propia experiencia de Arlt, nacido en un grupo social al que amó y despreció a lo largo de toda su vida.
Silvio Astier, su protagonista, antecede a figuras como Roquentin o Mersault y plantea, a diferencia de Sastre y Camus, un existencialismo práctico donde las cuestiones vitales no se esbozan desde una postura filosófica sino desde los angeles experiencia concreta. Así, con el correr de las páginas, el sentimiento de humillación de Astier irá en aumento para dar lugar a l. a. rabia, y el afán por obtener beneficios económicos se convertirá en un deseo de venganza contra esa sociedad que se niega a aceptarlo.

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Y de mecánica, �sabe algo? —Algo. Cinemática? Dinámica? Motores a vapor y explosión; también conozco los motores de aceite crudo. Además, he estudiado química y explosivos, que es una cosa interesante. —También. �Y qué sabe de explosivos? —Pregúnteme usted —repliqué sonriendo. —Bueno, a ver, �qué son fulminantes? Aquello tomaba visos de un examen, y echándomelas de erudito, respondí: —El capitán Cundill, en su Diccionario de Explosivos, cube que los fulminantes son las revenues metálicas de un ácido hipotético llamado fulminato de hidrógeno. Y son simples o dobles. —A ver, a ver: un fulminato doble. —El de cobre, que son cristales verdes y producidos haciendo hervir fulminato de mercurio, que es basic, con agua y cobre. —Es amazing lo que sabe este muchacho. �Qué edad tiene usted? —Dieciséis años, señor. —¿Dieciséis años? —Sí, señor —¿Se da cuenta, capitán? Este joven tiene un gran porvenir. �Qué le parece que le hablemos al capitán Márquez? Sería una lástima que no pudiera ingresar. —Indudablemente —y el oficial del cuerpo de ingenieros se dirigió a mí. —Pero, �dónde diablos ha estudiado usted todas esas cosas? —En todas partes, señor. Por ejemplo: voy por los angeles calle y en una casa de mecánica veo una máquina que no conozco. Me paro, y me digo estudiando las diferentes partes de lo que miro: esto debe funcionar así y así, y debe servir para tal cosa. Después que he hecho mis deducciones, entro al negocio y pregunto, y créame, señor, raras veces me equivoco. Además, tengo una biblioteca usual, y si no estudio mecánica, estudio literatura. —¿Cómo —interrumpió el capitán—, también literatura? —Sí, señor, y tengo los mejores autores: Baudelaire, Dostoievski, Baroja. —Ché, �no será un anarquista éste? —No, señor capitán. No soy anarquista. Pero me gusta estudiar, leer. —¿Y qué opina su padre de todo esto? —Mi padre se mató cuando yo period muy chico. Súbitamente callaron. Mirándome, los tres oficiales se miraron. Afuera silbaba el viento, y en mi frente se ahondó más el signo de l. a. atención. El capitán se levantó y le imité. —Mire, amiguito, lo felicito, véngase mañana. Esta noche trataré de verlo al capitán Márquez, porque usted lo merece. Eso es lo que necesita el ejército argentino. Jóvenes que quieran estudiar. —Gracias, señor. —Mañana, si quiere verme, con el mayor gusto lo voy a atender. Pregunte usted por el capitán Bossi. Grave de inmensa alegría, me despedí. Ahora cruzaba las tinieblas, saltaba los alambrados, estremecido de un coraje sonoro. Más que nunca se afirmaba los angeles convicción del destino grandioso a cumplirse en mi existencia. Yo podría ser un ingeniero como Edison, un common como Napoleón, un poeta como Baudelaire, un demonio como Rocambole. Séptima alegría. Por elogio de los hombres, he gozado noches tan estupendas, que l. a. sangre, en una muchedumbre de alegrías, me atropellaba el corazón, y yo creía, sobre las espaldas de mi pueblo de alegrías, cruzar los caminos de los angeles tierra, semejante a un símbolo de juventud. * * * Creo que fuimos escogidos treinta aprendices para mecánicos de aeroplanos entre doscientos solicitantes.

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