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Posted On December 12, 2016 at 4:09 am by / Comments Off on Download E-books Cartas a Poseidón PDF

By Cees Nooteboom

¿Está el inmortal Poseidón de veras interesado en el género humano? ¿Sigue el señor de los mares todavía nuestras vidas? Estas cuestiones suscitan los angeles curiosidad de Cees Nooteboom: le escribe cartas al dios del tridente y cada otoño, cuando abandona los angeles isla en l. a. que veranea, le ruega poder regresar al año siguiente. En estas cartas cuenta lo que le conmueve en los angeles vida diaria, lo que piensa de Dios y de los dioses, y vierte una nueva mirada sobre los mitos antiguos. Así se pregunta, al cruzarse casualmente con un muchacho en los angeles playa, si este niño puede ser el espejo en el que desaparece su propia edad. Poco le importa eso a las plantas del jardín mediterráneo del escritor, estas llevan su propia vida: el hibisco y el cactus se ponen a l. a. defensiva cuando l. a. radio emite los poderosos sonidos de Bayreuth...

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En realidad, al parecer tampoco has navegado nunca tus mares. Solías decir que esperabas el fin del mundo. Justo antes del anunciado fin, después de revisar los angeles última cuenta, harías quizá una breve excursión en barco, cuenta Kafka. Una excursión en barco, no sé cómo quitarme esa concept de los angeles cabeza. Río Leticia. Una pendiente embarrada desciende hasta el río. Un hervidero de gente, cerdos y perros. Abajo, unas angostas barcas de remo cruzan el río para transportar a l. a. gente a una pequeña isla llamada Fantasía. Detrás de mí, el mercado, las frutas, el pescado. Alguien me ayuda a bajar los angeles pendiente resbaladiza que lleva a l. a. pasarela donde atracan las lanchas motoras. Los demás pasajeros ya han llegado. Tres colombianos de Cali y dos holandeses. Y dos hombres que conducirán los angeles lancha remontando el río a lo largo de cien kilómetros. Uno va sentado fuera en los angeles proa, yo estoy al lado del que conduce. Cuando salimos del puerto el río parece abrirse. El agua, con su brillo metálico, se extiende entre las bajas riberas que se alejan gradualmente. los angeles pequeña lancha motora surca las aguas, su ruido ensordecedor disturba el infinito silencio que debe reinar en el centro del ancho río. Nos detenemos frente al parque ordinary de Amacayacu. Un camino se abre entre los angeles selva, pasarelas cenagosas, el resplandor maravilloso de mil tonos de verde, hojas salidas de fantasías disparatadas como cuchillos dentados o afilados, un estanque con plantas acuáticas podridas bajo un cielo cada vez más oscuro, en l. a. lejanía el bramido de una fuerte tormenta. Un mono con los angeles cara maquillada se sienta a mi lado y me mira como si quisiera entablar una conversación conmigo sobre las pruebas de los angeles existencia de Dios, pero en ese momento llega l. a. lluvia que no cae sino que se alza en vertical, una pantalla de agua gris apenas transparente. Cuando escampa, l. a. tierra empieza a humear como si el barro hirviera. los angeles luz se torna de cinc y de hierro. Duelen los ojos cuando los angeles lancha arranca de nuevo. Nos acompañan el baile de delfines rosados y las nubes de formas cambiantes. El río tiene una longitud de miles de kilómetros. Me gustaría llegar hasta Iquitos, hasta los Andes. El ruido del motor aturde. Apenas nos cruzamos con nadie, excepto con alguna que otra embarcación bajita con las figuras menudas de los indígenas. Durante horas vemos las mismas riberas, extensiones de verde y más verde, y nos preguntamos cómo será los angeles vida en ese mundo sin carreteras ni automóviles, hasta que, horas después, viramos y regresamos con los angeles corriente a desire a l. a. isla de Santa Rosa, Perú. los angeles tierra es de lodo. Vemos las raíces superficiales de los árboles enmarañadas, más allá un árbol pelado invadido de buitres, casas de madera levantadas sobre pilotes y unas diez mujeres en corro. Cada una de ellas sostiene un animal en los brazos: un perezoso, un papagayo, un caimán, una cría de cocodrilo, una tortuga de agua, una iguana, una rana gigante. Es obvio que se trata de un montaje. Esas mujeres están haciendo su trabajo, como se demuestra más adelante cuando el conductor de los angeles lancha nos pide una contribución para ellas.

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