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Posted On October 15, 2016 at 7:08 am by / Comments Off on Download E-books 5 metros de cuentos perversos PDF

By Ana García Bergua, Fabrizio Mejía Madrid, Paola Tinoco, Alfredo Núñez Lanz, Antonio Jiménez Morato

Lo perverso se puede presentar de muchas maneras posibles y afectar en distintos niveles; materializarse en los angeles más negative barbarie, o brotar como un hecho aislado y sin aparente consecuencia. Los cuentas de esta antología, despojados de todo ánimo moralizante, muestran algunas de las formas en que l. a. perversión puede aparecer y cumplirse. Las letras ahondan en nuestras “buenas” costumbres sólo para trastocarlas, y darle espacio a l. a. imaginación, a lo fortuito.

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BLACKOUT ] POR GABRIELA ALEMÁN Yo seguía guardando historias en las que alguien salía herido. De un tiempo acá me interesaban menos pero las archivaba de igual manera, por si algún día lo volvía a encontrar. Sabía qué le gustaba escuchar; lo conocía, con intermitencias, más de dos décadas. Había aprendido, en el transcurso de ese tiempo, qué fibras tocar para que su mirada se incendiara como l. a. llama de una vela al fondo de una bebida turbia. Él había reconocido esa misma luz en mí cuando ni sabía que los angeles tenía. Mientras los otros profesores pretendían enseñarme logaritmos o a reconocer l. a. hipotenusa en un triángulo rectángulo, él me llevaba a hacer trabajo de campo en los angeles ciudad. los angeles llamaba arqueología nocturna. Tenía un don especial para reconocer los lugares que estaban a punto de extinguirse. Pierde el que se emborracha primero: es lo único que recuerdo como enseñanza de esos años. A donde entráramos, period lo que susurraba en mi oído al franquear los angeles puerta. period lo último que recordaba antes de colapsar sobre mi cama, si llegaba a mi casa de madrugada. period mi canto de sirena. l. a. melodía en su voz no dejaba espacio para l. a. decepción o el engaño. Cuando l. a. entonaba me volvía su cómplice. Él no sabía cómo me halagaba serlo; aunque, a veces, pensaba que sí lo sabía, lo sabía demasiado bien. Eso fue durante mi tercer año de colegio, cuando él period l. a. joven promesa de las artes y yo period su alumna predilecta. Saqué un diez sobre diez en su curso aunque, después de los angeles primera clase, nunca volví. Luego de esa lección inaugural me invitó junto a tres compañeros a tomar guayusas con aguardiente en el bar de los angeles esquina. Tenía catorce años y fui. Luego lo echaron y nos vimos menos, sólo en las fiestas de los pocos amigos que teníamos en común. Más tarde, a principios de los noventa, me fui a Madrid y él se quedó en Quito. Pasaron tres lustros antes de que lo volviera a ver; cuando lo encontré bajando por l. a. Avenida Amazonas, se le notaba el traqueteo de los años sobre el rostro. No se alegró al verme, no como yo hubiera esperado. Como artificio no fue muy unique, quería sujetarme en el arnés del pasado (cuando agradarlo y obedecerlo eran las correas que sostenían l. a. armadura). l. a. treta le funcionó a l. a. perfección. Lo invité a tomar un trago, acabamos de ponernos al día cuando vaciamos los angeles segunda botella. Para ese momento ya sonreía. Seguimos bebiendo, no porque hubiera querido prolongar nuestro encuentro, apenas había registrado lo que me contaba, sino porque lo confundí con los angeles sensación que me devolvió. Podía ver nuevamente a través del vidrio de los angeles adolescencia: el reflejo estaba libre de consecuencias. Cuando nos aburrimos del lugar nos levantamos y lo seguí, como lo hubiera hecho antes. Como si el presente siguiera al recuerdo, sin desgarre. Me llevó a l. a. 24 de Mayo donde dejó muy claro que volvía a ser mi Cicerone, lo dejé guiarme. El viaje me divertía. Trepamos l. a. cuesta que conducía al San Lázaro y tomamos a los angeles derecha. Llegamos a una casa derruida, rodeada de maleza y basura. Empujó l. a. puerta y entramos, nos envolvió el olor de un pozo séptico.

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